Objetivo: sacar un grupo de ayuda mutua en Mora de Rubielos para acompañar en el duelo. Charla gratuita el día 15 de diciembre.
Cuando atravesamos una pérdida importante, todo se mueve por dentro. No solo perdemos a alguien querido; perdemos maneras de estar en el mundo, rutinas, referencias, identidades. El duelo no es una enfermedad, sino un proceso natural y profundo que necesita espacio, escucha y acompañamiento. Desde mi experiencia como terapeuta Gestalt y ecopsicóloga en la zona de Gúdar-Javalambre, he acompañado a muchas personas a transitar estos momentos de transformación y puedo decir que, cuando se atraviesa un duelo de forma consciente, siempre se crece como persona y se aprende a apreciar la vida con mucha más riqueza y gratitud.
El duelo como movimiento: la mirada Gestalt
Desde la Gestalt entendemos el duelo como un proceso vivo. No hay fases rígidas ni tiempos correctos. Hay sensaciones, emociones, memorias y necesidades que se van presentando de forma orgánica.
La terapia Gestalt invita a sentir lo que aparece, sostenerlo sin juicio y permitir que el proceso encuentre su forma. En el duelo, esto supone:
- Dar espacio a la tristeza sin miedo a que “nos hunda”.
- Reconocer la rabia o la culpa, emociones muy presentes y a veces silenciadas.
- Abrir espacio a la gratitud y al amor que siguen presentes, aunque duelan.
- Encontrar nuevas formas de estar en el mundo cuando la ausencia se vuelve visible.
El duelo nos toca en lo más profundo, y acompañarlo permite que la herida pueda transformarse.
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La naturaleza como sostén: una visión ecopsicológica del duelo
En la ecopsicología, recurrimos a la naturaleza no como un lugar donde distraernos, sino como una aliada en el proceso de sanación.
Los ciclos naturales nos recuerdan que la vida incluye pérdida, cambio y renacimiento. Estar en contacto con el bosque, con los árboles o con la tierra nos permite:
- Recuperar la sensación de pertenencia.
- Regular el sistema nervioso gracias a la biología del contacto con lo natural.
- Colocar el duelo en un marco más amplio que nosotros mismos.
- Sentir que algo en la vida sigue sosteniéndonos, incluso en medio del dolor.
Muchas personas que acompaño me dicen que la naturaleza les permite “respirar de nuevo”.
¿Por qué un grupo de duelo?
Compartir el proceso con otras personas que atraviesan pérdidas similares es profundamente sanador. En un grupo:
- No tienes que explicar tu dolor: ya hay comprensión.
- Puedes poner palabras donde, a veces, la familia o amistades no llegan.
- Sientes que no estás sola/o.
- Aprendes a escuchar y a ser escuchada/o desde un lugar seguro.
- El grupo se convierte en un espacio de sostén cuando las fuerzas flaquean.
El grupo crea un tejido comunitario que el duelo necesita para poder transformar la pérdida en un camino hacia la vida.
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